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Ps bueno aqui van a encontrar poemas, canciones escritas, y algunas otras cosas, espero que les guste... kiss

CUANDO EN LA NOCHE

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
¡diera, alma mía,
cuanto poseo,
la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
¡diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.

LILITH (LA MADRE D LOS VAMPIROS)

{#emotions_dlg.devil}Origen de Lilith.{#emotions_dlg.devil}

 

Demonio femenino de la tempestad en el panteón babilónico, y llamada Lajil (que significa "noche") por los cananeos, Lilith aparece en la tradición heterodoxa bíblica como la "enemiga de Eva" , a quién su marido abandona por ella tras el nacimiento de Abel y previo al de Caín (engendrado, según dicen las malas lenguas, por el demonio Samael ). En la versión ortodoxa Caín es en cambio el primogénito.

Los siempre sutiles intérpretes de la ley talmúdica le dan un giro a la leyenda, sugiriendo que fue Lilith la primer mujer de Adán, a la cuál este prototipo de macho repudió porque no se sometía al arquetipo de la obediente y sumisa esposa; razón por la cual Dios no tuvo más remedio que recurrir a la costilla adánica para crear a una sustituta idónea: la previsible e insulsa Eva, madre de la especie humana y pálido ejemplo de la monótona resignación que la sociedad exige de las mujeres. Pero erotismo y maternidad son poco conciliables, y el trasnochado Adán regresó a Lilith para gozar de sus incomparables artes amatorias.

Esta historia explica porqué Lilith terminó siendo la reina de los súcubos , la tentadora infértil, la obsesión nocturna de las pesadillas eróticas de los hombres, la vampiresa por excelencia, condenada a errar sin refugio ni descanso por las tinieblas del mundo.

Esa es la idea que los textos sagrados nos legaron de la mujer, y de su supuesta fascinación natural por el desenfreno y el pecado; sólo corregible bajo el sometimiento y el rigor. Por ello fueron privadas de la honra las vestales órficas , las sacerdotizas de Dionisos y las bacantes romanas , y quemadas por millares las lejanas brujas que confortaban en las aldeas y los bosques a los desposeídos.

La Madre de los Vampiros.

 

Veamos ahora porqué se considera a Lilith como "Madre de los Vampiros".

 

Según el mito, cuando Lilith se niega a mantenerse debajo de Adán durante el acto sexual, huye hacia la noche transformándose en aire frío (algunos dicen que luego los ángeles lograron atraparla en el Mar Rojo); y es aquí dónde el mito se quiebra, Lilith pasa de la protesta y la tímida huida a las acciones. La tradición hebraica de oriente afirma que en éste punto Lilith comienza a vengarse a través del infanticidio. ¿Os parece exagerado una venganza semejante? Es posible que así sea, pero sigamos investigando y veremos el porqué de esta elección tan radical y violenta.

Lilith mata y se alimenta de bebés por una razón muy sencilla: en la época en la que se desarrolló la leyenda se pensaba que el embarazo se producía sólo mientras la mujer tomaba una posición pasiva durante el coito; por lo tanto lo que Lilith no deseaba (cuando huyó de Adán) era el embarazo; negaba su condición de madre sabiendo que así resignaría su rol de mujer; es entonces natural que se haya asociado su venganza a aquello que más odiaba.

Aquí la trama se hace más compleja; y no seguiremos las tradiciones del Zohar , como seguramente aconsejaría la prudencia, sino que revelaremos el misterio de su odio a través de la intuición: Lilith encauza su venganza golpeando en dónde más le duele a una madre, a sus hijos.

Y la venganza creció; según algunos textos del talmud babilónico , Lilith logra escapar a la maldición que Dios envía a los hombres tras la caída de Adán y Eva. La pareja pierde la inmortalidad pero Lilith evita la pena por no estar presente, y conserva así su penosa inmortalidad. ¿Cómo pudo ser posible esto? Muy simple, ella no está presente porque "es la noche", la oscuridad; es lo que se mueve en la penumbra; ¿qué es acaso el sol sino un tenue brillo en la inmensa oscuridad del universo? El pecado original ocurre durante el día; tal como se desprende del análisis del Génesis; por lo tanto es perfectamente claro que ésta es la razón por la cuál Lilith conservó su eternidad.

Así pasó Lilith a la historia del mito y la leyenda; cómo la antagonista de Eva (prototipo de la esposa-madre), enemiga del hogar y la sumisión. Será la noche con todos sus misterios y secretos; será eterna, inmortal, beberá sangre de los cuellos aún palpitantes y seguirá siempre sedienta, se alimentará de nuestras pesadillas; y con el tiempo, y a pesar de la aparente paradoja, la tradición popular le dará el noble epíteto de Madre de los Vampiros.

 

LA MADRE DE LOS VAMPIROS

El NIXCOBT

El Mensajero de los Muertos

Este curioso Espectro habita las profundidades del Rin, principalmente en su recorrido por las tierras de Alemania; dónde se lo llama habitualmente "El mensajero de los Muertos".

Está subordinado al dios principal de éste río, Nicus, terrible espíritu cuya mayor alegría consiste en contemplar el sufrimiento de las jóvenes que se suicidan lanzándose al Rin.

Nixcobt es el encargado de mantener las relaciones entre los habitantes del río y los del litoral. Posiblemente es el poblador más extraño de toda la mitología del Rin.

Cuando se vislumbra la primera luz de la aurora, y las cimas de las montañas comienzan a vestirse con su tenue resplandor, suele verse una especie de hombre, bajo y obeso, horriblemente grotesco, recorriendo las calles de los pueblos al abrigo de las últimas sombras de la noche. Su espantosa cabeza da vueltas alrededor de un cuello delgado, como si fuese un eje que le permite, sin disminuir su marcha, inspeccionar todo lo que ocurre a su alrededor. Sus piel está cubierta de escamas, y unas aletas se insinúan en sus gruesos tobillos. En el centro de los ojos brilla un punto de luz roja. Sus dientes y su cabellera son verdes. Su boca se contrae en una sonrisa fija que hiela el corazón de quién tiene la desgracia de verlo. Así es Nixcobt.

 

Algunas Leyendas.

Suele atormentar a los inocentes con astucias maliciosas. Es famosa la leyenda del hombre que despierta todos los días con un cuchillo en su almohada. No importa cuán lejos lo arroje, el cuchillo siempre retorna al lecho. Desesperado, el hombre comienza a pensar que padece de alguna clase de sonambulismo; y que recorre las noches armado con el infame filo en busca de víctimas para inmolar. Al enterarse de crímenes que nunca cometió, el pobre hombre lleno de culpa, se suicida.

Ahora bien, no en vano Nixcobt realiza estos engaños, ya que su alimento preferido es la magra hierba que crece en las tumbas de quienes no fueron enterrados en tierra santa. Allí disfruta de su festín de putrefacción, entre los vahos cadavéricos, danzando luego sobre las flores marchitas que crecen en la tierra profana, dónde descansan los suicidas olvidados.

No sólo encuentra placer en atormentar a los inocentes, también los criminales temen a sus apariciones: suele imitar las voces de aquellos que fueron asesinados, susurrando tétricos clamores en los oídos de los asesinos. Presos de un terror indecible, éstos sicarios tarde o temprano ceden o enloquecen. Aquellos que pierden la cordura se matan inmediatamente, sin poder soportar los horribles lamentos que retumban en sus oídos. Pero la peor parte la llevan quienes logran mantener algún atisbo de cordura. Presos de un pánico atroz, confiesan sus crímenes ante las autoridades, pensando que la expiación del crimen silenciará las voces. El pobre infeliz casi disfruta del silencio de la húmeda celda. Pero durante la primera noche en prisión, el clamor renueva su tormento; y ya no son voces que susurran, sino una letanía ensordecedora, aullidos imposibles de articular por una voz humana son los que acompañan al desdichado hasta que logra darse muerte. A menudo, al no poseer elementos que puedan facilitarle el suicidio, termina desgarrando las venas de sus brazos con los dientes, muriendo lentamente, desangrado.

 

En tu habitacion

¿Quién puede asegurar qué fantásticos espectros veremos en el instante de nuestra muerte?


Es un error común suponer que el horror se presenta sólo en lugares que predisponen nuestra natural tendencia a la autoconservación. Los sabios de nuestro tiempo argumentan que el miedo es simplemente una parte de la herencia de la raza; heredera directa de los instintos animales. Según estos estudiosos, el hombre se atemoriza (y aquí hablo del miedo por lo sobrenatural) sólo respondiendo a ciertos estímulos que presionan sobre la mente de cada individuo en particular, obteniendo reacciones diferentes en cada caso.

Esto puede ser así en muchos casos, no lo discuto; pero el terror, el verdadero, puro y abyecto horror no es consecuencia de tensiones internas, sino un nexo entre nuestra mente domesticada por lo más abstruso del materialismo de la sociedad, y el otro mundo; ese que se extiende dónde nuestros sentidos son inútiles para asimilar lo innombrable.

La habitación carecía de los elementos esenciales para los amantes del terror purista. Limpia, pulcra hasta el ridículo. Ella duerme, su mente desconectada de toda realidad. La noche es apacible, cálida. La luz de la luna se derrama sobre la pared.

Pero a pesar de lo prosaico de la situación, lo ominoso se hace presente.

Primero una corriente eléctrica recorre la columna de la mujer, algo que no tiene conexión con su mente, algo físico; la sacude en un espasmo violento que la arranca del sueño. Su cuerpo supo antes que su mente lo que sucedía, había algo en la habitación.

 

Cubierta con una manta permaneció inmóvil. Su cerebro buscaba desesperadamente un argumento que contradiga aquel miedo irracional y absurdo; pero su cuerpo no respondía a este llamado a la sensatez, se obstinaba en mantener los músculos tensos. Las fosas nasales, dilatadas para inhalar la mayor cantidad de oxígeno posible, parecían las de un animal acorralado...

"No hay nadie"...

Sus ojos recorrían la habitación con una velocidad frenética. Su mente racional estaba estancada repitiendo estúpidamente:"No hay nadie. No. Nadie". Pero esa parte del cerebro inaccesible para la mente racional estaba determinada a mantenerse alerta. Hizo un enorme ejercicio de la voluntad para tratar de dominarse, pero fue inútil.

"Encendé la luz..."

Pensó en su padre, quién ahuyentaba sus infantiles terrores encendiendo la luz del velador, haciéndola sentir un poco tonta por temer algo que sin duda...

"No la enciendas..."

Se detuvo en el momento en que su mano se estiraba hacia el interruptor

"Si la encendés, lo vas a ver..."

Paralizado su cuerpo, sus ojos se posaron en un rincón de la habitación. Las sombras danzaban alegremente sobre la pared, en algún lugar de la noche ladraba un perro.

"Ahí está... en el rincón..."

Los segundos se estiraban en una angustia indecible. El tiempo se convirtió en algo físico, pegajoso. Ella miraba hacia el ángulo de la habitación. No parpadeaba. En un último y desesperado intento, su yo racional trató de calmarla.

"Ahí no hay nadie. Son sombras y Luna, nada más".

En ese momento le pareció que el bulto del rincón se movía, acaso captando que se dudaba de su existencia. El movimiento fué leve, apenas perceptible, pero innegable. Lo que ella podía entrever desde su posición era una figura, que bien podía ser humana, de pie en el rincón de la habitación.

En este punto algo sorprendente ocurrió en su interior. El horror no cedió, pero dejó de bloquear los procesos mentales, seguía en posesión de su cuerpo en tanto la amenaza continuase; pero liberó su consciencia para que analizara la mejor manera de salir de aquella desesperada situación. Intentó hablar, pero al principio solo pudo producir un susurro que apenas si podía oírse a los pies de la cama.

_ Martín...

Fue consciente de que había dicho el nombre de su hermano, aunque desconocía porqué a pesar de la enorme variedad de monstruos conocidos había pensado justamente en su hermano, quién siempre la había querido...

"Pensaste en él porque está muerto..."

_ Martín,¿sos vos?_ alcanzó a decir.

La figura del rincón siguió inmóvil durante algunos instantes, luego su cuerpo se inclinó levemente hacia adelante, sacando el rostro de las tinieblas; la luz de la luna alcanzó el rostro de la figura, un segundo apenas. Lo suficiente como para que ella sepa que no era su hermano, sino algo infinitamente peor.

Toda resistencia se derrumbó. La figura supuraba un odio negro e inhumano que era palpable. La habitación se llenó de un hedor insoportable. Aquello que estaba en el rincón de la habitación dio un paso adelante.

Su boca se contorsionaba en una mueca que intentaba ser una sonrisa; sus ojos eran pozos negros dónde era imposible vislumbrar algún rasgo humano. Imposible discutir, imposible razonar con aquel ser que era más bien una voluntad siniestra; sin pasiones, sin deseos; sólo odio y espanto.

Ella se abandonó y se hundió en aquellos pozos negros que eran sus ojos.

El cuerpo sin vida de la mujer fue encontrado a la mañana siguiente. Sus ojos miraban estúpidamente hacia el rincón de la habitación. Derrame cerebral, dijeron los médicos. Nadie discutió un argumento tan razonable.

Es posible que te sientas tentado a desechar esta historia cómo una mera fantasía, no te culpo; pero te tengo noticias, todos los que lean este relato morirán; yo moriré, algún día de tu vida será el último; morirán también todos aquellos que te hayan conocido, y luego los que hayan escuchado alguna vez tu nombre, entonces seremos olvidados. Nuestro destino es el olvido, hundirnos en la nada.

El mundo es misterioso. Después de todo, ¿quién puede decir qué veremos en el instante de nuestra muerte?

Alejate de mi

Aléjate de mí, aunque se que siempre,
he de permanecer en tu sombra.
Y nunca, solitaria,
alzándome en los mismos umbrales de la vida
recóndita, podré gobernar los impulsos
de mi alma, ni levantar la mano como antaño,
hacia el sol, serenamente, sin que perciba en ella
lo que intenté hasta ahora apartar: el contacto
de tu mano en la mía.
Esta anchurosa tierra
con que quiso separarnos el destino, en el mío
deja tu corazón, con latir doble. En todo
lo que hiciere o soñare estás presente, como
en el vino el sabor de las uvas.
Y cuando
por mí rezo al Señor, en mis ruegos tu nombre
escucha y en mis ojos ve mezclarse nuestras lágrimas.

Alejate de mi


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